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Puñal de claveles, de Carmen de Burgos, en el ciclo de novelas de Rodalquilar
por Concepción Núñez Rey

 Carmen de Burgos, la figura silenciada 

Caricatura de Carmen de Burgos, 1907A lo largo del brillante primer tercio del siglo XX, la figura de la escritora Carmen de Burgos gozó de enorme prestigio nacional e internacional, envuelto además en una gran popularidad. La disolución posterior de su imagen y de su significado vino unida a la destrucción sufrida por la sociedad española de su tiempo tras la Guerra Civil. 

Su nombre formó parte de la primera lista de autores prohibidos en 1939, cuando ya habían transcurrido siete años desde la muerte de la autora. Para valorar el sentido de esta persecución y la importancia que se concedía a su figura, recordemos que la lista la encabezaba Zola, seguido de autores como Voltaire, Rousseau, Gorki o Sinclair Lewis, y que Carmen de Burgos figuraba en el puesto noveno; era la primera mujer.  

La labor de destrucción se completó sustituyendo su auténtica imagen por una caricatura trivializadora, que sobrevive parcialmente a pesar de los profundos estudios que han venido a iluminar su figura. Todo ello nos induce a una reflexión muy dolorosa si nos adentramos en la trayectoria vital y literaria de nuestra autora, quien simbolizaba en su tiempo el afán de progreso, de modernidad y de justicia social. 

Hace muchos años, casi tres décadas, emprendí la búsqueda de Carmen de Burgos sin poder imaginar la dimensión del personaje que me aguardaba. Recomponer su extensísima obra, dispersa en bibliotecas, librerías de viejo, colecciones particulares, o periódicos de dentro y de fuera de España, se fue convirtiendo en una aventura apasionante que ha venido abriendo a cada paso nuevas vías de exploración. 

 

“Carmen de Burgos gozó de enorme prestigio y popularidad, tras la Guerra Civil, sin embargo, su nombre formó parte de la primera lista de autores prohibidos en 1939”.

 

Reconstruir lo destruido es lento y difícil. Aún es tarea pendiente reeditar, siguiendo un plan ordenado, una selección imprescindible de su extensa obra erudita, literaria y periodística.

 

Una gran trayectoria vital y literaria 

Carmen de Burgos representó en vida el pensamiento ilustrado, librepensador, racionalizador y europeísta, que con tanta dificultad se abrió paso en España hasta las puertas del siglo XX, y que vivió un fecundo momento de esplendor durante el primer tercio de ese siglo, hasta frustrarse con la Guerra Civil. Lo que singulariza aún más la figura de la autora es que ocupó esa posición aportando la perspectiva de una mujer. Gran parte de su labor se integra en la corriente del Regeneracionismo, que durante más de medio siglo emprendió la tarea de la modernización de España. 

La visión del mundo de Carmen de Burgos se fraguó con la lectura de los filósofos del siglo XVIII (sobre todo Voltaire y Rousseau) y derivó muy pronto hacia un socialismo no dogmático, y que la condujo incluso a la militancia política: en el PSOE, durante la segunda década del siglo XX, y en el Partido Republicano Radical Socialista, en los últimos años de su vida. 

Durante el recorrido acumuló una vasta y rica cultura, hecha de erudición y de experiencia del mundo, por el que viajó incansablemente, de los confines de Europa a los de América, impulsada por una infinita ambición de conocer. Si fue mujer de pensamiento, también fue mujer de acción, que emprendió numerosas campañas periodísticas en defensa de diferentes causas sociales y políticas, sobre todo, en favor de la mujer. Llegó incluso a presidir organizaciones feministas dentro y fuera de España: la Cruzada de Mujeres Españolas y la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.Afrontó la aventura de crear con su propia vida un nuevo modelo de mujer, que hoy llamaríamos “la mujer moderna”, integrando en la feminidad todas las capacidades atribuidas hasta entonces a los hombres. Incluso en el plano amoroso rompió muchas convenciones, sobre todo por su relación con el escritor Ramón Gómez de la Serna, más joven que ella, con quien compartió una intensa vida durante más de dos décadas. 

Retrato de Carmen de BurgosPionera fue uno de sus más justos atributos. Recordemos especialmente su posición en el periodismo, en el que se había iniciado desde su llegada a Madrid en 1901, procedente de su Almería natal. Muy pronto, desde el 1 de enero de 1903, se convirtió en la primera mujer redactora de un periódico, del naciente Diario Universal, donde le fue encomendada la columna diaria que firmaba como Colombine, el pseudónimo con el que ya siempre fue popular. Otras puertas siguió abriendo la autora dentro del periodismo. En agosto de 1909, llegó a Melilla en pleno conflicto para enviar sus crónicas a Heraldo de Madrid, y se convirtió así en la primera mujer española corresponsal de guerra. 

Desde los primeros años de su labor, Carmen de Burgos planteó las líneas centrales de su futura preocupación social, abarcando a un tiempo la denuncia de las más cercanas y acuciantes injusticias, y la defensa de grandes principios, para los que el modelo procedía siempre de Europa. En muchos casos, sus artículos se desplegaron en resonantes campañas: a favor de la reforma del sistema educativo, contra la pena de muerte, contra las guerras… En el centro de las preocupaciones de Carmen de Burgos estuvo siempre la discriminación sufrida por la mujer. Su objetivo amplio era situarlas en un plano de igualdad con los hombres, para cuyo fin contemplaba un largo camino en el que era preciso extender su educación y promover su integración en la vida social. 

    

“Carmen de Burgos simbolizaba en su tiempo el afán de progreso, de modernidad y de justicia social”.

 

A lo largo de tres décadas, acumuló un legado de miles de artículos publicados en la prensa española y extranjera. En paralelo fue creando una extensísima labor literaria y erudita, cercana a los dos centenares de títulos: novelas largas y cortas (más de un centenar), ensayos, biografías, libros de viajes, estudios literarios, traducciones, libros de entrevistas, prólogos, semblanzas de escritores, manuales de divulgación práctica... Fue la labor de una polígrafa, una inmensa labor de una figura descomunal. 

Aludir tan solo a su obra narrativa supone un gran esfuerzo de síntesis en estas breves páginas. Recordemos que el ingente número de relatos se organiza en un complejo universo temático: de las relaciones amorosas a la crítica social, de la defensa de la mujer al antibelicismo, de la ambientación histórica a los mundos cosmopolitas o a los mundos esotéricos. En ese panorama, hemos de destacar aquí dos grandes temas, muy ligados a la experiencia vital de la autora: por una parte, los relatos de espacios y viajes, que componen un gran documento del mundo que recorrió y son expresión de su incesante búsqueda, de su ansia de conocimiento; por otra parte, las novelas que hace años bauticé como “ciclo de Rodalquilar”, con las que Carmen de Burgos reconstruyó el mundo extraordinario en que se fraguó su vida. 

 

El ciclo de novelas de Rodalquilar en la narrativa de Carmen de Burgos 

Rodalquilar es el nombre de un espacio que tiene realidad geográfica en el corazón del Cabo de Gata, mundo de la infancia de Carmen de Burgos,que ella convirtió en espacio literario y en elemento que estructura internamente algunas de sus novelas, que las anuda formando un gran ciclo narrativo. Sobre él construyó un universo completo, autónomo y autosuficiente, cerrado al mundo exterior, que aparece como tema intermitente desde el comienzo hasta el final de su trayectoria literaria. En cada relato, son diversos los enfoques y visiones que la autora vierte sobre ese mundo; del mismo modo, podemos ver retratarse a través del ciclo la evolución de la autora hacia la madurez expresiva y técnica, abandonando la visión idílica e inocentemente costumbrista del comienzo para trascenderla con otros significados. 

El espacio descrito lo delimita una bellísima toponimia real, que al reiterarse a lo largo del ciclo adquiere resonancias poéticas y míticas (cala del Carnaje, cerro del Cinto, cuesta de las Carihuelas, cerro de la Amatista, punta Polacra…). Nos sitúa en una naturaleza extraordinaria, observada con objetividad, para después tender sobre ella todo tipo de miradas subjetivas: emociones, sensaciones, juegos de perspectiva. Es fuente de todo bien y de intensos goces sensuales, expresión de la plenitud y de la belleza: una imagen del paraíso.  

Retrato del escritor Ramón Gómez de la Serna

 

“Rodalquilar es un espacio que tiene realidad geográfica en el corazón del Cabo de Gata, mundo de la infancia de Carmen de Burgosque convirtió en espacio literario”.

 

Aparece poblado por un colectivo de personajes, en su mayoría agrupados en familias, que a veces cambian de nombre y tienen diverso protagonismo en los distintos relatos. Las formas culturales asentadas en ese espacio están hechas de abundantes costumbres utilitarias, reiteradas siempre hasta hacérsenos familiares; pero también están hechas de valores primarios y eternos, vinculados a substratos muy antiguos de la cultura Mediterránea, que permanecen al margen de las circunstancias históricas; por ello, Rodalquilar se sitúa en la atemporalidad mítica. 

Tales materiales que componen el mundo de las novelas aparecen y reaparecen variando su función y su dimensión, convertidos en elementos recurrentes. Se produce un efecto de superposición o encadenamiento de todos los argumentos para construir al fin un organismo multiforme observado desde diversos ángulos: una metaestructura. 

Se añade un riquísimo léxico, compuesto sobre todo de palabras referidas a la tierra o al mundo rural (balate, ricial, pítima, jaramago, leja, aulaga…), que por su extensión y variedad se convierten en magnífico compendio de léxico recuperado y en uno de los rasgos que vinculan a Carmen de Burgos con la Generación del 98. 

Busquemos ya el significado del ciclo de Rodalquilar en la vida y en la obra de la autora. En la distancia, Carmen pudo evocarlo como un mundo de exaltado vitalismo, origen del suyo propio, donde brotaban con inmensa fuerza la pasión amorosa y la pasión por la aventura, transgresoras ambas por su afán de libertad frente a todo orden y a toda autoridad. Así, la autora convirtió Rodalquilar en su paraíso perdido, hecho tanto de lo autobiográfico como de lo soñado.

 

Puñal de claveles

Dentro del ciclo de Rodalquilar, es una novela de muy importante significación porque, aunque muy breve, cierra el ciclo y, en realidad, toda la obra de Carmen; según veremos, el mensaje que contiene se convierte en símbolo de su trayectoria literaria y humana, y en testamento final. 

Retrato de La Liga Internacional de Mujeres

Nos sitúa el argumento en un universo de sobra conocido para un lector que hubiera seguido el despliegue del ciclo de relatos; apenas se hallan personajes, lugares, anécdotas o costumbres que nos sorprendan o que nos parezcan nuevos. Nominalmente, la acción se presenta extendida en el espacio del Campo de Níjar, pero las señas narrativas de ese espacio se reducen a las ya conocidas del valle de Rodalquilar. El cortijo central no es La Unión sino el Monje, aunque con idénticos rasgos. Y los elementos recurrentes que pueblan la novela son incontables: la madre obesa; el buhonero con su arqueta de objetos; la situación de las mujeres en el matrimonio, casadas casi adolescentes; el ritual de la comida en el cortijo; las estrellas para medir las horas; la composición del banquete de bodas; el ajuar de la novia; cantar a dos voces los hombres en la noche para fingir compañía; lanzar piedras a las cruces del camino; los pañuelos de las mozas, de los colores “garbanzo, tórtola y aceite”, etc. 

Se estructura en cinco capítulos de muy diversa extensión, encabezados por sus propios títulos. El primero “La primera amonestación” (I) ocupa casi la mitad del relato y es predominantemente descriptivo; en él se presenta el argumento, los antecedentes de los personajes y las costumbres que los envuelven. “El ramo de flores” (II) es en parte descriptivo, pero con él se inicia la acción. “El embrujamiento del perfume” (III) y “La revelación” (IV) construyen el desarrollo narrativo, y con ellos aparecen ya elementos dramatizadores y líricos. “Doble pasión” (V) es un desenlace dramatizado, muy condensado, que rebosa lirismo. 

  

“En Puñal de claveles nos quedamos situados al borde mismo de la tragedia, que es donde penetró Lorca con su drama Bodas de sangre”.

 

La materia del relato aparece así distribuida con sumo cuidado, creando inicialmente un universo ordenado y estable, constituido por leyes, normas, hábitos y convenciones muy rígidos, de cuyo seno nacerá una fuerza espontánea e incontenible para subvertirlo por completo. 

El tiempo del relato se tiñe de subjetividad. Aunque aparezca marcado por algunas referencias objetivas (“La semana transcurría”; “Al domingo siguiente”), su fluir se define desde la perspectiva vital del personaje. Cuando éste vive un momento de renuncia a la vida deseada, el tiempo se empantana: "Con la puerta cerrada, que impedía ver las Cabrillas, y sin reloj que marcara el tiempo, las horas se hacían a Pura interminables". 

En cambio, se torna fugaz en los momentos de plenitud: "La semana transcurría en esa rapidez con que se ven huir los días muy llenos de cosas en nuestra vida".

Y pasa a ser un momento decisivo, dramático, capaz de determinar la vida futura: "¡No hay tiempo que perder, Pura! Tenemos los minutos contados. Sí o no. ¡«Para siempre»!" . 

El mismo tratamiento subjetivo recibe el espacio; incluso, en un juego de perspectiva, se describe un desplazamiento espacial por la relación entre dos sonidos: "Dos coplas, alejándose en sentido contrario, marcaban el caminar de los dos amigos entre la plácida dulzura de los campos, en la sombra de la noche". 

El argumento se puede exponer concisamente: Pura y José descubren de pronto su mutuo amor cuando a ella le falta poco para casarse con Antonio Peneque. La noche anterior a la boda, en medio de los preparativos, se escapan juntos arrastrados por una pasión más fuerte que las convenciones a que se hallan sujetos. 

 

“De modo inevitable, hemos de relacionar Puñal de claveles (1931) con el drama lorquiano Bodas de sangre (1933): la misma pasión, el mismo ambiente, la misma fuga”. 

 

Cubierta de la primera edición de "Puñal de claveles"

 Varias consideraciones nos sugiere el esquema argumental. Ya había aparecido en forma muy reducida, y en un plano secundario, en El último contrabandista, la mayor novela del ciclo, donde el mismo suceso se escondía detrás de una elipsis narrativa. Lo protagonizaban personajes de rasgos muy semejantes a los de ahora, pero aquel episodio acababa en tragedia con la muerte a traición del amante, y se presentaba la fuga de la pareja como un hecho frecuente en las tierras del Campo de Níjar: "No era raro en la comarca que un antiguo novio robase a la desposada en su boda, en el momento supremo de ir a perderla, y que una boda preparada con alegría terminase en sangre."  

De modo inevitable, hemos de relacionar Puñal de claveles (1931) con el drama lorquiano Bodas de sangre (1933): la misma pasión, el mismo ambiente, la misma fuga, pero sin desenlace trágico, o mejor, sin desenlace, porque Carmen de Burgos deja abierta la puerta de la esperanza con unos protagonistas a salvo en plena huida. Según veremos, el vínculo con Lorca tiene otros matices. 

Pura y José, los protagonistas, sienten estrechos los límites de su realidad y añoran lo que está más allá, aspiran al descubrimiento de otros lugares. Él prepara su viaje a Orán y ella lo envidia (“¡Qué suerte irse lejos! ¡Ver tierras!”). Él rompe la fidelidad que otros tienen a la tierra y a las costumbres: “Yo no tengo genio de estarme aquí, siempre en el mismo sitio. Tengo un espíritu inquieto”. Ella, a punto de perder toda su libertad con la boda, en realidad sueña con algo distinto: "Había mirado muchas veces desde el fondo de la hondonada en que vivía hacia los cerretes que, bajos y todo, le limitaban el horizonte, dejando el lugar como en el fondo de un pozo. Y, mirando hacia allá, había soñado en cómo se divertirían las mujeres de las ciudades". 

Entre ambos seres, que encarnan el ansia de libertad, brota un amor mutuo, del que toman conciencia como en una revelación; sólo así puede amar él: "Para yo enamorarme se necesitaría una cosa muy grande, muy extraordinaria y que me pillara de sopetón, sin lugar a pensarlo" . 

Ella descubre al objeto de su amor instantáneamente, asociándolo al regalo del ramo de claveles (“primer mensaje que le hablaba de amor”): "Era él quien le llevaba las flores. Ahora los claveles tenían un nombre, un rostro, un aliento. No era Antonio el que la hacía temblar de amor, era José el que la envolvía en su caricia con aquel perfume penetrante como un puñal que penetraba en su carne".  

Imagen de El Valle de Rodalquilar 

La pasión se hace de sensualidad latente, de tensión, sin señas externas, sin palabras: 

“José se apresuró a presentarse, y por más que quiso disimular, sus ojos buscaron a Pura. Ella lo miró un momento y los dos temblaron.

-¡Qué hermosa!- pensó él.

-¡Qué guapo!- se dijo ella”.

El aroma de los claveles se erige en símbolo de la pasión que se apodera de los personajes, con una fuerza superior a toda razón: "Ella misma no sabía lo que le pasaba. Sentía abrasarse sus entrañas en una ansiedad desconocida. Todo su ser de virgen se estremecía de pasión no sentida, que despertaba con la boda, pero no para el novio: hubiera dado la vida entera por estrechar contra su pecho a José". "Pero no era eso. Era algo que se había formado con los preparativos de la boda y que tenía tanta fuerza como la boda misma". 

La pasión entre ambos estalla con un diálogo de breves réplicas, tan desnudas como cargadas de instinto, y suficientes para romper todos los principios que se le opongan: 

-¡Vente conmigo! [...]

- ¿Dónde?

- ¡No sé...! ¡Lejos...! [...]

- ¡Voy contigo!. 

La fuerza de la pasión se acrecienta con la fuerza de la virilidad, que viene envuelta en sensualidad: “¡Qué yo te tenga en mis brazos y no te quitarán de ellos”. Virilidad, cuyos atributos son presentados juntos en un juego de rima interna: “Se apeó de la jaca, sacó la faca que llevaba entre la faja y comenzó a cortar flores”. 

En la larga descripción (en proporción) de la huida de la pareja se combinan muchos elementos para construir un desenlace pleno de significados: el triunfo de los sentimientos intensos y auténticos, y por ello, el triunfo de la libertad; el dramatismo por la amenaza que los persigue; la voluptuosidad del rapto y la tensión erótica: "avanzaban resistiendo el deseo inmenso de detenerse allí y no perder ni un instante de la pasión poderosa que los cegaba". 

Un lirismo contenido, despojado de inútil retórica, envuelve aún el dramatismo y la sensualidad de la huida: "A veces tenían que internarse a campo traviesa temerosos de encontrar algún conocido que denunciase su ruta; pero la hora temprana tenía ambos caminos desiertos. Sólo las alondras cantando a la aurora, y la música del violín de los grillos, interrumpían el silencio". 

Por último, parece evidente el valor simbólico del final feliz con que Carmen cierra (o deja abierto) su relato. Los protagonistas son seres en camino, lanzados a la aventura vital, con toda la indeterminación de un futuro abierto de par en par. Es un momento de vida intensa, en estado puro; se ha destruido el antes y se desconoce por completo el después, en el que sólo reina la esperanza. La pareja triunfa y corre veloz hacia un destino elegido libremente, desnudos ambos de historia. Quedan convertidos en dos flechas lanzadas. Hay en el relato una gozosa transgresión del orden social, que es vencido por la fuerza positiva de la pasión humana. 

En cuanto a lo lorquiano, en el caso de Carmen sería avant la lettre. Por cronología, fue Lorca quien hubo de conocer antes las obras del ciclo de Rodalquilar y la propia novela Puñal de claveles. Más aún, podemos ver que en la obra de Carmen pudo encontrar Lorca dos elementos muy importantes de su drama. Recordemos la cita anterior: “una boda preparada con alegría terminase en sangre”, que podría ser origen del título Bodas de sangre. Y recordemos la imagen en que se funda el título de la obra de Carmen: “con aquel perfume penetrante como un puñal que penetraba en su carne”, que parece enlazar con la canción de las dos mujeres al final del drama lorquiano: “con un cuchillito que apenas cabe en la mano, pero que penetra fino por las carnes asombradas”. 

Imagen de "El tesoro del castillo", 1907

Como es obvio, lo que más separa ambas obras es el lenguaje, pero están muy próximas la percepción del mundo y la inquietud. Carmen nos da en ésta y en otras novelas del ciclo el mismo latido interno que Lorca, un pulso vital ligado al instinto, de raíz popular, aunque estilizada y trascendida, lo que más conmueve y seduce al lector. Pero, frente a las deslumbrantes imágenes lorquianas, la autora funda su relato en un lenguaje desnudo y conciso, incluso en los momentos de lirismo, según hemos visto, un lenguaje que nuevamente nos acerca a Lorca, esta vez, a la desnudez formal de La casa de Bernarda Alba, también avant la lettre

Desde otro ángulo, parece indudable que Lorca vio en los sucesos del cortijo del Fraile (1928) un argumento para expresar su propia visión. Carmen, en cambio, escogió la tradición del rapto de la novia, un tema ya recogido desde tres lustros antes en su ciclo de Rodalquilar. Con diferente proyecto, se sintieron atraídos por la misma fuerza que emanaba de la tradición popular en un espacio casi incontaminado por la vida moderna. En Carmen dominó el sueño racionalista y esperanzado, en Lorca el sentimiento romántico del fracaso. Dos formas de expresar la insatisfacción frente a la realidad.  

En Puñal de claveles, nos quedamos situados al borde mismo de la tragedia, que es donde penetró Lorca con su drama Bodas de sangre. Al contrario que él, Carmen no buscaba mostrar el destino trágico que aguarda a todo intento de alcanzar una vida plena; en esa etapa casi final de su vida y de su obra quiso lanzar un nuevo canto de esperanza y dejar abierta la puerta que conduce al ideal. No olvidaba la dimensión trágica de la realidad, sino que deseaba mantenerse fiel a su sueño de un mundo mejor. 

Aún podemos hallar otro símbolo en el final de Puñal de claveles. Si el ciclo de novelas de Rodalquilar mira hacia atrás y nos habla de la nostalgia del paraíso perdido, ahora la nostalgia se abre hacia paraísos desconocidos y toda esperanza se busca en el futuro. Es la idea final de Carmen apenas un año antes de su muerte.  

 

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