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Cómo y para qué casarse en el Siglo de Oro. Los Coloquios matrimoniales de Pedro de Luján.
por Asunción Rallo Gruss

"Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa" (1434). Jean van Eyck (1387–1441). National Gallery, Londres.Hay obras escritas en el siglo XVI que ofrecen un acercamiento múltiple, pues despiertan interés, e incluso curiosidad, por varios motivos. Los Coloquios matrimoniales de Pedro de Luján parecen en principio brindarse como testimonio histórico de usos y costumbres en el apartado referido al matrimonio; pero, al ser éste una cuestión crucial en la constitución de la nueva organización burguesa y urbana, se erigen, por los distintos aspectos que aborda, en propuestas ideológicas de manifestación clara, debido al formato obligado por la finalidad práctica. Pero además, y en cuanto a los resortes literarios elegidos, regulados por un género inherentemente ligado al humanismo, la obra de Luján se presenta como una de las mejores realizaciones del diálogo renacentista, en adaptación de la propuesta de los Coloquios de Erasmo, y dando vía dialéctica a un extenso conjunto de datos y propuestas que ya habían visto la luz en formas menos didácticas. Por último, puede leerse también como miscelánea y recopilación de noticias, ejemplos y anécdotas tomadas de la antigüedad en torno a los diferentes motivos que se van tratando.

Pedro de Luján representa al escritor de obras de moda en la Sevilla del siglo XVI. Después de licenciarse en leyes en la universidad de Alcalá de Henares, fue impresor entre 1550 y 1560 al quedarse con la imprenta sevillana de Dominico de Robertis, marido de una hermana de su madre. Conociendo bien cuales eran los gustos del público compuso un libro de caballerías, como duodécima continuación del Amadís de Gaula, titulado Silves de la Selva (1546), tradujo otro del mismo género del italiano, Leandro el Bel (Toledo 1563), y a la manera de Erasmo, al que cita como modelo, firmó unos coloquios sobre los temas del matrimonio, la educación y el comportamiento en la vejez.

 

“La obra de Luján es una de las mejores realizaciones del diálogo renacentista, en adaptación de la propuesta de los Coloquios de Erasmo, y fue un éxito editorial”.

 

Con Silves de la Selva se adentraba el escritor sevillano en el mundo de aventuras y singularidades de la caballería andante. Reflejan, sin embargo, en la línea ya inaugurada por estos epígonos (como son también las obras de Feliciano de Silva), nuevos intereses destinados a perfilar un tipo de héroe no sólo valiente en la hazaña de armas sino más reflexivo. Esto supone en contrapartida la multiplicación de personajes, de acciones y de espacios, así como la entrada de situaciones estáticas, más propias de otros géneros narrativos en torno a la pareja protagonista.

"Escena matrimonial" (ca. 1320), por Memmo de Filipuccio. Museo Civico, San Gimignano, Italia.

Daba a la luz este libro de caballerías sin atribuírselo, de acuerdo con lo habitual en la saga de los Amadises, cumpliendo ese principio intencional de seudo crónica, por lo que no se le consideró suyo hasta que P. Gayangos lo hizo. En cambio, durante algún tiempo se le creyó autor de Leandro el Bel, que manifiesta todos los excesos de este tipo de libros, tanto en las modalidades de aventuras como en la amanerada retórica de su dicción, excesos que satirizó Cervantes, así comienza: “Como el luzido y radiante Phebo, saliendo por las concavidades del alto cielo, las tinieblas de la passada noche ahuyenta y deshaze con sus apolíneos y perfulgentes rayos…” .

 

“El tema del matrimonio fue uno de los preferidos de los humanistas y escritores del siglo XVI”.

 

Pero el verdadero éxito editorial lo alcanzó con otra literatura, diametralmente opuesta, la didáctica y moral de las guías de conducta, que proponían desde los consejos prácticos de cómo actuar en la corte o en los viajes (por tierra o por mar), a menudo en forma epistolar, a la salvación espiritual, por lo que casaban la doctrina cristiana con los nuevos hábitos de una sociedad burguesa. A ello dedicaron sus esfuerzos los escritores, tanto intelectuales como divulgadores. Pedro de Luján eligió uno de los temas más reclamados, contando para ello con una amplia literatura precedente.

"Erasmo de Rotterdam" (1523), por Hans Holbein el joven. National Gallery, Londres.El tema del matrimonio fue uno de los preferidos de los humanistas y escritores del siglo XVI. Vinculado a las nuevas propuestas, apenas tiene relación con la extensa literatura de debate en torno a la mujer del siglo anterior (misoginia/feminismo). Se encauza en cambio como proyecto social de perfeccionamiento del hombre, tanto en el ámbito de una nueva dinámica familiar como en el de la educación de los hijos que se integra casi como una tarea doméstica. Por ello la adjudicación de nuevas funciones a la mujer, incluida la necesidad de su formación, fue crucial en la constitución de la nueva sociedad renacentista, siendo abordado por gran cantidad de autores, que lo trataron moralmente desde su perspectiva doctrinaria (F. de Osuna), social o didáctica (Guevara, Mejía). Su crucial importancia venía ya demostrada por la atención que le habían prestado Erasmo (tanto en el Encomium matrimonii, 1518, e Institutio christiani matrimonii, Basilea 1526, como en varios de los Colloquia) y Juan Luis Vives (Institutione foeminae christianae, 1542, y De officio mariti, 1529).

 

“La adjudicación de nuevas funciones a la mujer, incluida la necesidad de su formación, fue crucial en la constitución de la nueva sociedad renacentista”.

 

La elección del formato coloquial se debió, sin duda, no sólo al ajuste que este ofrecía para una conformación de alcance pedagógico, sino porque respondía al aprecio que entonces se tenía de los Coloquios familiares de Erasmo de Rotterdam, entre los que se encontraban los más interesantes de este tema: El pretendiente y la doncella, Matrimonio (o Mempsigamos), Puerperio, Ejercicio pueril (o Amor de niños en Dios), y Los ancianos. Luján era tan consciente del significado del autor holandés que es de los pocos autores que lo citan expresamente como modelo e inspirador de sus escritos: “Bien creo benigno y discreto lector que habrá muchas personas que digan, afirmen, y aun murmuren, diciendo yo haber tomado en este segundo y en el quinto Coloquio, que trata de los niños, muchas cosas de los Coloquios que el sabio Erasmo Roterodamo escribió, lo cual yo afirmo ser así, aunque niego tener alguna culpa, porque yo quise que fuese como fundamento sobre que yo edificase estos dos coloquios.”

Por eso ya desde Menéndez Pelayo se adscribió a Luján al erasmismo (“era Luján hombre de cultura clásica, secuaz de las doctrinas de Erasmo”), y  Bataillon lo incluía de pasada en la nómina de erasmistas, sin más significado que el de ser uno de tantos que escribieron al dictado de Erasmo, no encontrando nada especialmente original en él: “Luxán, en suma, adoptó el plan de los primeros traductores de los Coloquios que era sacar de Erasmo un amable manual de sabiduría para todas las edades”. Olvidaba el investigador francés la otra faceta de autor y traductor de libros de caballerías tan denostados por los humanistas y en especial por el holandés.

Mujeres vestidas según estado. Grabado del siglo XVI.

Otro motivo puede explicar esa cita, abierta y asumida; bajo la cobertura de Erasmo, se esconden las verdaderas fuentes de su obra, que son Pedro Mejía, Silva de varia lección y Antonio de Guevara, Reloj de Príncipes y Epístolas familiares, a los que sigue al pie de letra en más del noventa por ciento del texto. Luján rehace los textos tomados de los autores españoles, variándoles poco o nada, y los transforma en dialéctica, al ofrecerlos como materia opinable a cuya exposición dramatizada asistimos. Encaja la extensa prosa guevariana en una ficción conversacional en la que un personaje circunstancialmente la hace suya, la actualiza aplicándola a un caso concreto, y escenifica un proceso de aprendizaje.

 

“A cada uno de los seis coloquios que componen la obra le corresponden los personajes pertinentes para ir tratando de los variados asuntos en torno al matrimonio”.

 

A cada uno de los seis coloquios que componen la obra le corresponden los personajes pertinentes para ir tratando de los variados asuntos en torno al matrimonio. En el primero una mujer casada, Dorotea, explica a su amiga Eulalia los beneficios del matrimonio, convenciéndola para que tome estado, al mismo tiempo que enuncia los nuevos criterios que este debe cumplir para un suceso feliz, como es la igualdad de situación social y de edad entre los contrayentes. En el segundo, en un nuevo encuentro de las dos amigas, Eulalia le confiesa a Dorotea el fracaso de su matrimonio, las continuas peleas con el marido y el mal comportamiento de éste; Dorotea considera que ambos son culpables, por lo que le aconseja a su interlocutora nuevas tácticas de sumisión y de acercamiento al marido y se ofrece a mediar con éste. Por lo que, ya en el tercer coloquio, se hace la encontradiza con él, llamado Marcelo, y le recuerda cómo debe ser la conducta del buen casado, cómo ha de tratar a su mujer, y cuál es la importancia de su papel en la casa. Por fin, en el cuarto, Eulalia reconoce el milagro que se ha producido, tras su propio cambio y el de su esposo, agradeciendo a su amiga sus consejos, y le anuncia que está preñada. Dorotea dedica entonces una primera parte de su plática a prevenir sobre los peligros del embarazo y advertir sobre las actividades y modo de vida que debe realizar la mujer en ese estado, y en la segunda, ya presente Marcelo, la conversación discurre sobre la crianza del hijo, desde el amamantamiento hasta la búsqueda del ama ideal.

Portada original de la edición de Coloquios matrimoniales impresa en Zaragoza en 1571.Para la puesta en escena del quinto tiene que transcurrir un lapsus de tiempo, ya sus protagonistas son ahora los hijos de ambas mujeres, Julio e Hipólito, tratándose del tema de la educación, “qué virtudes ha de tener el buen niño, de qué vicios se ha de apartar, cómo se ha de haber en el estudio”. Por último, y ajeno a los personajes anteriores, el coloquio sexto se refiere al comportamiento en la vejez, siendo los dialogantes, Fulgencio y Laureano. Afea el primero la conducta del segundo que se comporta como mozo, en el vestir y en el actuar.

De este modo, dejando al margen el último, los coloquios siguen un esquema de dramatización que implica un doble proceso. El interno de cada uno es el aprendizaje en el que se inscribe cualquier diálogo, adoptando uno de los interlocutores el papel de maestro y el otro de discípulo. Y la vertebración de los cuatro primeros especialmente, de tal modo implica, como pasos de una vida, un  encadenamiento de las situaciones (o estados) de tal modo que se concluye uno generando la problemática del siguiente. Algo semejante es lo que ya presentaba la obra de Francisco de Osuna, Norte de los estados, 1531, en el que se iba pasando por todas las cuestiones de soltero a viudo, desde la doctrina del cristiano y siendo cada sesión un petición de consejo (cercana a la confesión) de Villaseñor al Autor.

 

“Los coloquios de Luján suponen la importantísima novedad de poner en boca femenina el análisis de la problemática y la propuesta de sus soluciones”.

 

Sin embargo los elementos presentes en la dramatización de los coloquios de Luján acercan la obra a una modalidad narrativa, pues sus personajes cambian y evolucionan al asumir y resolver situaciones anteriores, y suponen la importantísima novedad de poner en boca femenina el análisis de la problemática y la propuesta de sus soluciones, lo que indudablemente el escritor español supo apreciar de Erasmo. A ello se suma la pertinencia de una puesta al día o actualización sobre la nueva situación para, partiendo de ahí, encauzar la información pertinente para el estadio posterior.

"Retrato de la familia" (1528), de Hans Holbein el joven. Öffentliche Kunstsammlung, Basilea.La atención al espacio también colabora en la valoración del proceso dialogal y en el efecto “novelesco”. Luján alterna los exteriores y los interiores en clara correspondencia a la situación de los personajes y la materia: los coloquios entre mujeres (I y II) tienen lugar en el interior de la casa, la de Doroctea (en el primero) y la de Eulalia (en el segundo) funcionando la representación como una visita entre amigas. El cuarto presenta un desajuste al indicarse al principio que “Eulalia va a visitar a su amiga Doroctea”, y luego parece ser la casa de Eulalia hacia la mitad cuando entra Marcelo, su marido . En cambio, el quinto y sexto se desarrollan en la calle, de acuerdo con la tópica motivación del encuentro fortuito de dos amigos. Son dos niños y dos viejos respectivamente que charlan abiertamente sobre sus asuntos.

En cuanto a la caracterización de los personajes se parte de una premisa de igualdad consustancial (sexo, edad, clase social) y diferencia eventual para permitir no sólo la distribución de papeles sino también la transformación del receptor (discípulo). La desigualdad inicial (o diferencia eventual) suele manifestarse tópicamente en la apariencia externa. Luján recurre a este tópico que funciona simultáneamente como desencadenante del diálogo. La “extraña” apariencia (en la mayoría de los casos metaforizada en vestidos no adecuados) de un interlocutor, conocido de antes por el otro, da lugar a la motivación temática. Así Eulalia está desaliñada y mal arreglada al principio del coloquio segundo, como reflejo de su estado de mal casada, mientras que en el cuarto (cuando se ha invertido la situación) aparece bien vestida. Del mismo modo Laureano reprende a Fulgencio “porque lo vio vestido como mozo”, siendo viejo.

Ilustración de la edición de 1571 de "Coloquios matrimoniales".

Todo ello demuestra que Luján ha aprendido lo básico del sistema dialéctico en Erasmo, para dar alcance mediático a una divulgación doctrinal, sobre temas de muy alto interés social en el momento y al que han atendido múltiples escritores, humanistas y moralistas. Los Coloquios matrimonios se ofrecen como suma y catalizador del pensamiento renacentista, cuando la sociedad está en plena transformación del sistema feudal al burgués, mostrando las bases y directrices fundamentales de esa nueva sociedad, que debe dotar de nuevo espacio y función a la mujer:

- Se considera el matrimonio como moralmente superior al de la soltería y se atribuye como finalidad primordial del matrimonio el tener hijos. Luján utiliza una erudición casi tópica de cuestiones más o menos colaterales, desde la edad de los contrayentes, a los ritos y ceremonias, lo que se entiende como retrato costumbrista-moral de la práctica social. Desde un refrendo humanista, las cuestiones se ejemplifican y matizan con citas de autores y textos de la antigüedad clásica.

- Se adjudican a la mujer una serie de tareas concretas, en función de su papel como dueña de la casa y como madre responsable de los hijos, desde el comportamiento adecuado durante el embarazo para evitar el aborto y la muerte propia hasta la crianza del niño, alabando los gozos de la maternidad y recriminando el envío de los niños a una aldea para su crianza en ella, lo que les hace ajenos a la familia, como extraños. Y aun cuando no pueda amantarlo ella misma se propone la elección del ama y su supervisión y vigilancia. Estas tareas hacen a la mujer permanecer en la casa y entretenerse en labores cuya finalidad no es la distracción sino la intervención eficaz en el desarrollo de la familia, de la que se le hace responsable y artífice.

- Por esto se revela también la importancia de la maternidad ligada a la educación de los hijos dentro de la familia, en la preocupación y desvelo por su primera etapa. La madre debe formarles en sus inicios, lo cual implica, como reclamaron los humanistas, la necesidad de una instrucción para la mujer.

 

“El éxito de este tipo de obras le convirtieron en guía de consulta para la comprobación y consejo de aspectos puntuales, de ahí los epígrafes al margen o las llamadas de atención mediante una pequeña mano que señala lo relevante”.

 

En desarrollo de ideas y propuestas del humanismo se construye así la familia como espacio de reproducción ideológica en el que la mujer juega un papel fundamental. Es la familia núcleo de creación y de conservación de un espacio individual (íntimo y doméstico), un nuevo mecanismo de organización social. La mujer se torna pieza clave en la surgimiento del espacio privado, como contrapuesto al espacio público.

"El recién nacido", por Georges de la Tour (1593-1652). Musée des Beaux Arts, Rennes.

La oportunidad de este tipo de obras, tanto por el tema como por la hechura elegida quedó demostrado por el éxito que le acompañó. Los asuntos y la forma, le convirtieron en guía de consulta, ofreciéndose más que para una lectura continuada, para la comprobación y consejo de aspectos puntuales; por ello tiene epígrafes al margen, así como llamadas de atención mediante una pequeña mano que señala lo relevante. Publicado por primera vez en Sevilla (en casa de Dominico de Robertis) en 1550, no sólo contaba en 1589 con once ediciones sino que era traducida al italiano en 1575 (Il primi dei dialoghi del licenziato Pietro di Luciano da Siviglia, nel quale tratta di molte cose appartenenti allo stato matrimoniali, tradotto dal castigliano, Palermo), mientras el autor inglés Edmund Tilney, en su Flower of Friendschippe (1568), convertía al propio Luján en interlocutor de un amplio diálogo que versa sobre el contenido de su propia obra.

Los Coloquios matrimoniales puede leerse aspirando a manejar un testimonio histórico, de carácter social y costumbrista, pero también como invitación a la reflexión sobre cuestiones de comportamiento individual y de funcionamiento de la familia respecto a la sociedad, que aun despiertan no sólo interés sino debate, al pertenecer a la constante del ser humano como ser social.

 

 

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