Junta de Andalucía. Consejería de Cultura. Biblioteca Virtual de AndalucíaJunta de AndalucíaConsejería de CulturaBiblioteca Virtual de AndalucíaDirectorio institucional de la Cultura
Una
Galería
de lecturas pendientes

Compartir en Facebook (en nueva ventana) Compartir en Twitter (en nueva ventana)

Mariana de Carvajal y sus Navidades de Madrid y noches entretenidas
por Rosa Navarro Durán

"Muchacha leyendo una carta," Johannes Vermeer, ca. 1657. Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde.Mariana de Carvajal nació en Jaén hacia 1610-1615; fue hija de don Álvaro de Carvajal, granadino, y de doña María de Piédrola, jienense. Su familia se trasladaría pocos años después a Granada, en donde se casó hacia 1635 con don Baltasar Velázquez, alcalde de hijosdalgo en la Real Chancillería. Su primer hijo, Rodrigo, que nació el 5 de junio de 1640, estudiaría Leyes en las universidades de Alcalá y Salamanca y recibiría el hábito de Santiago. Cuando su marido entró a formar parte del Consejo de Hacienda, se trasladaron a Madrid. Doña Mariana enviuda el 2 de agosto de 1656, y su situación económica es tan mala que escribe un memorial al Rey, en donde cuenta cómo “muerto el dicho su marido, habiendo servido veintitrés años a Vuestra Majestad, sin dejar hacienda alguna y dejando tres hijos varones y seis hijas, la suplicante se halla con mucha necesidad y sin tener con que poder acudir al sustento y crianza de ellos”; solicita la pensión de doscientos ducados que se le había concedido antes a su marido, y así se le otorgará. En 1664 se celebra en Granada en casa de su hijo Rodrigo una academia literaria, en la que también participa otro de sus hijos, Francisco; pero como no interviene en ella, se ha deducido que tal vez hubiera ya muerto. Un año antes, en 1663, se publican en Madrid, por Gregorio Rodríguez, sus Navidades de Madrid y noches entretenidas, en ocho novelas, que dedica a don Francisco Eusebio de Petting, conde del Sacro Romano Imperio, embajador del emperador Leopoldo I ante la corte de Felipe IV. 

 

El marco narrativo de las ocho novelas

Fray Juan de Valdelomar, al aprobar la impresión de Navidades de Madrid, dice que ha “admirado que haya en el recogimiento de una mujer estilo para que con sus honestos divertimientos dé materia para deleitar, aprovechando a quien le leyere”. Y, en efecto, hoy las ocho novelas siguen divirtiendo y aprovechando aunque de otra forma a como lo pensaba el censor, porque nos entretienen y nos dan curiosos datos sobre la vida cotidiana del tiempo vivido por Mariana de Carvajal. En su epístola al lector, la escritora le promete “un libro de doce comedias”; esa obra dramática nos es hoy desconocida, aunque tal vez duerma aún en algún lugar en espera de que alguien la descubra.

"Bodegón con dulces y recipientes de cristal", Juan van der Hamen y León, 1622. Museo del Prado, Madrid.

La acción se localiza en Madrid, y enseguida el narrador presenta a una ilustre dama, doña Lucrecia de Haro, casada con don Antonio de Silva, y a su hijo don Antonio, “bizarro mancebo, cortés y bien entendido”, los personajes principales del marco que engarza los relatos. Boccaccio creó el modelo, y muchos autores de novelas –relatos breves– siguieron ese camino: el interior de una mansión como espacio, un grupo de personas en amigable conversación y una circunstancia que justifica esa reunión amistosa.

 

“Mariana de Carvajal nació en Jaén hacia 1610 o 1615, aunque con pocos años se trasladaría a Granada, de donde era su padre, don Álvaro de Carvajal”.

 

No es raro que la mujer presida el espacio doméstico, porque en él reina; y tampoco lo es que la novelista jienesa vaya a situar en su centro a una viuda, doña Lucrecia de Haro, porque ella lo es. La circunstancia que inventa para el relato de las novelas será precisamente la muerte del marido, “un caballero anciano y enfermo”; la casa está cerca del Prado, tiene cinco cuartos principales y un hermoso y gran jardín. En esa amplia mansión viven, además de la propietaria y su hijo, en dos de los cuartos interiores, “dos hermosas y principales damas”, doña Lupercia y doña Gertrudis; en los del patio, dos caballeros vizcaínos, don Vicente y don Enrique, y en el último, se irá a vivir otra viuda, doña Juana de Ayala, con una hermosa hija de diecisiete años, doña Leonor.

La mudanza de esa viuda será el motivo de la presentación de los personajes al visitarla, y también el de manifestarse la rivalidad entre dos de los caballeros, don Enrique y don Antonio por el amor de la bella joven; porque don Vicente estaba ya enamorado de doña Gertrudis, que le correspondía. Mariana de Carvajal, conocedora de la máquina teatral, nos presenta a dos parejas habitando ese espacio exterior a los relatos, una ya está formada y otra aún está por hacer, dependiendo de la elección de la hermosa dama a la que los dos galanes pretenden. Vemos muy bien que don Antonio tiene muchas más probabilidades que su rival de ser elegido por doña Leonor, como así será; pero es ese ligero enfrentamiento el que da cierta entidad al marco, a ese espacio narrativo que envuelve la materia novelesca. Precisamente ésta nacerá del deseo de doña Juana de entretener a doña Lucrecia tras la muerte de su marido; esos relatos están puestos en boca de los ocho personajes, los moradores de la casa: cinco mujeres y tres hombres.

Portada de la primera edición de "Navidades de Madrid y noches entretenidas", 1663.Viven dos años todos en amistosa relación, hasta que llega un riguroso invierno y muere el anciano enfermo, que deja a su hijo como heredero de treinta mil ducados, “y a su esposa por albacea y tutora”. Se dice enseguida que el luctuoso hecho ocurre “a los últimos de octubre” (adelantándose un poco a ese crudo invierno del relato), y se deja un tiempo para el luto; hasta que las Navidades dan excusa a doña Juana, la otra dama viuda, para organizar el entretenimiento y las cenas de los cinco días de Pascua; y es ella la que distribuye las noches, a partir de la de Nochebuena, entre los otros cuatro huéspedes de la casa, que van a ser así narradores de sucesos: doña Gertrudis, don Vicente, doña Lupercia y don Enrique. Tras oír “La Venus de Ferrara”, “La dicha de Doristea”, “Del amante venturoso”, “El esclavo de su esclavo”, doña Lucrecia queda tan “picada del gusto” que decide seguir con las fiestas y las novelas, y se ofrece a ser ella la que cuente el siguiente caso y ofrezca la cena. Será “Quien bien obra siempre acierta” su relato, que presenta como contado por su difunto marido, y su hijo don Antonio seguirá narrando la noche siguiente otro: “Celos vengan desprecios”.

Al acabarlo, doña Juana promete contarles al otro día “un suceso de una dama toledana que en algún modo servirá de ejemplar para que estas señoras no sean mal acondicionadas, pues sucede muchas veces que las mujeres terribles pierdan su ventura, o, ya que la tengan, vivan mal casadas”. Y, en efecto, “La industria vence desdenes” nos ofrece la historia de una bella muchacha, doña Beatriz de Almeida, hija de un noble portugués, que vive con su madre viuda, arruinadas por la pasión del juego del difunto caballero, y que sobreviven bordando. Esa situación penosa le impide aceptar el galanteo de un inteligente joven, don Jacinto, sobrino de un acomodado canónico, y está a punto de condenarse a la infelicidad; ella, con su tozuda esquivez, es quien tiene la mala condición a la que se refería la narradora de la historia. Es, sin duda, la mejor de las ocho novelas, en donde vemos el poder del amor, que lleva a las puertas de la muerte a uno y otro enamorado, pero también gustamos de la recreación de una deliciosa atmósfera de cotidianeidad.

 

“La acción de las Navidades se localiza en Madrid, una ilustre dama y su hijo, junto a sus seis vecinos, son los personajes principales del marco que engarza los relatos. ”.

 

Queda una última dama, la bella doña Leonor, y su relato: “Amar sin saber a quién”; y esa historia localizada en Escocia y entre reyes contrasta con la anterior, que transcurre en Úbeda y en Toledo, pero comparte con ella una recreación exquisita del tempo lento: apenas sucede nada en los dos relatos, sólo el amor aparentemente imposible entre una dama y un caballero, y la disolución del impedimento con el final gozoso. Y, sin embargo, en ambas es donde brilla la filigrana novelesca de Mariana de Carvajal. Las tramas de los relatos suelen ser escuetas, directas, sin apenas meandros narrativos ni tampoco excesiva originalidad; la novelista jienense pisa fuerte con su arte en los momentos de espera, en el tempo sostenido, en los entresijos del día a día, en las pequeñas artimañas para seducir.

Doña Leonor conquista también a su auditorio, como a nosotros, los lectores de su relato; y sus amigos le piden que siga por lo bien que cuenta, por su donaire, por su viveza. Como les prometió decir la “Fábula de Orfeo y Eurídice”, lo hace, diciendo en los versos: “Canto por divertirme; / el que quiere, pues, podrá seguirme / y, si no le contento, / arrimarme a un ladito. Va de cuento.”Y empieza el canto de la fábula mitológica burlesca, que bien puede no ser de la escritora jienense, como no lo son, sino de un poeta aragonés, José Navarro, algunos de los poemas desenfadados que forman parte de la fiesta final con que se cierra la obra al culminar la historia amorosa del marco; porque, como era de esperar, don Antonio, el hijo de la señora de la casa, se casará con la bella e ingeniosa Leonor.

 

Retratista de interiores

Mariana de Carvajal es una cuidadosa retratista de interiores, de sus detalles, de jardines, trajes, comidas, adornos, pinturas, de lo que eran las alhajas de las casas. Gracias a su extraordinario arte descriptivo vemos una bañera o unas fuentes llenas de dulces o un cuadro de san Jerónimo, mesas, bufetes bajos, braseros olorosos, búcaros dorados, finos pañuelos de Cambray, guantes de ámbar; u otra vez admiramos y envidiamos hojaldres, roscones, quesadillas o cómo toman chocolate, cómo baila con castañuelas una chacona una criada o cómo juegan a las damas.

"Natureza morta, caixa com potes", Josefa de Obidos, 1660. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa.

Una monja, tía de don Enrique, le manda cuatro fuentes para que pueda regalar a sus vecinos; basta ver lo que hay en una de ellas para asomarse al arte descriptivo de doña Mariana: “una costosa y bien aderezada ensalada, con muchas y diversas hierbas, grajea y ruedas de pepinos, labrada a trechos de flores de canelones y peladillas”.

O contemplar el cuadro de san Jerónimo, que pinta para el cardenal, don Pedro, el tío de Jacinto, protagonista de la deliciosa “La industria vence desdenes”: “Pintó a una parte jaspeados y peñascosos montes, y a otra hermosos y pintados cuadros de silvestres florecillas; árboles cubiertos de silvestres frutas; arroyos que por la verde y menuda hierba parecían enroscadas culebras de rizada plata; muchas aves y diversos brutos; y a la boca de una espinosa gruta, el glorioso Santo, de rodillas sobre una peña, salpicada de la sangre que le caía del herido pecho al golpe de la pizarra, con que infundía a un mismo tiempo temor y admiración”.

 

“Las Navidades dan excusa para organizar el entretenimiento y en las cenas de los cinco días de Pascua los huéspedes de la casa van a ser narradores de sucesos”.

 

No le va a la zaga la minuciosa descripción que hace de una receta medicinal Enrico, el rey de Navarra, que por amor se hace pasar por un criado entre bufón ingenioso y simple para conquistar el amor de la bella princesa Lisena. Para curarla del desmayo de la caída al agua, dice que “en una paila, se ha de echar cantidad de vino, unos sarmientos y cogollos de romero; y en hirviendo, habéis de empapar una sábana, cuan caliente se pueda; y desnudándola hasta la camisa, la envuelvan en ella, y cárguenla de ropa para obligarla a sudar”, y luego precisará la infusión que le deben aplicar al corazón. El lector olvida la distancia que había entre él y la historia de reyes y princesas, y se ve junto al lecho de la bella joven desmayada queriendo aprender la receta por si le puede ser útil en el futuro.

Pero no sólo triunfa Mariana de Carvajal en estas descripciones, sino en mínimas escenas que muestran la mirada femenina, como cuando don Pedro quiere ver lo bien que le sienta a su sobrino el traje que el sastre le ha ajustado: “Cuando volvió, como le halló vestido, le mandó que se paseara. Llegó hasta la puerta, y cuando volvió hacia él, le hizo una airosa y despejada cortesía”.

A veces es como si el lector fuera espectador de escenas teatrales: ve bailar a los personajes, los oye cantar, e incluso los ve representar pequeñas farsas, como la que interpreta don Vicente para mostrar públicamente el amor que siente por doña Gertrudis. Se ata un pañuelo en la cabeza, otro en una pierna y dos en los brazos y entra en la sala ayudado de don Enrique y de un criado, fingiendo que llega herido; las damas se asustan, y su amigo les cuenta cómo es un niño el que le ha herido en el corazón; la cura está en mano de un ángel, que no es otro que su dama. La risa de todos corona la deliciosa escena, y muchas veces llenará el espacio del marco con el gusto por el agradable e ingenioso entretenimiento.

 

“Mariana de Carvajal es una cuidadosa retratista de interiores, de sus detalles, de jardines, trajes, comidas, adornos, pinturas, de lo que eran las alhajas de las casas”.

 

Mariana de Carvajal, como doña Lucrecia, la dama viuda, o Leonor, la bella joven –sus personajes preferidos– sabe contar; lo hace con donaire, con gracia. Ellas quieren ser aplaudidas por la forma en que lo hacen, no por el contenido de sus relatos, y lo logran, como la escritora jienense. Doña Lucrecia es “aguda de dichos y se preciaba de ser cariñosa y entretenida”; y tal vez no fuese demasiado atrevimiento apuntar que su creadora debía de pensar de sí misma algo semejante.

El teatro no era ajeno a la novelista, como ella misma nos dice al mencionar sus doce comedias. Además no hay más que leer la primera novela, “La Venus de Ferrara”, para ver cómo sus personajes asisten a la representación, en “un teatro con muchas y bien dispuestas apariencias”, de la Fábula de Venus y cupido en los jardines de Chipre; el colofón lo pone un “carro de música” que da principio “ a la sonora armonía”.

Fiestas galantes, diversión cortesana en las novelas y en el marco narrativo: elegante entretenimiento de damas y caballeros en espacios bellamente recreados. Aunque no deja de verse en ellos alguna sombra, como la afición al juego del padre de familia, que condena a todos a la miseria, y allí están entonces las mujeres bordando para sobrevivir.

           

Un motivo literario y apuntes del natural

Las escenas mitológicas tienen mucha presencia en algunas de las novelas que integran "Navidades de Madrid y noches entretenidas". En la imagen "Venus y Adonis", Tiziano, 1554. Museo del Prado, Madrid.Las novelas no presentan una trama compleja ni tampoco novedosa; precisamente en los momentos en que apenas sucede nada es cuando se ahonda en el análisis psicológico de los personajes y cuando la atmósfera que envuelve a hechos y personajes cobra importancia; y es en ese terreno en donde Mariana de Carvajal nos cautiva.

En tres de las novelas desarrolla un mismo motivo literario: el intento de violación o de asesinato de una dama en un bosque, y su salvación por un generoso y valiente caballero, que acabará casándose con ella. Las circunstancias que rodean la escena varían, pero el hecho dramático es el mismo. Y el sentimiento que causa más peripecias o las soluciona son los celos; cuando son desconocidos, llevan al desastre, a la enfermedad, a las puertas de la muerte a los enamorados; cuando son provocados, abren el camino para la resolución del conflicto.

Lo que más atrapa al lector no son esas escenas bien conocidas, sino situaciones que muy verosímilmente podían ser apuntes del natural; por ejemplo, la creada por el soberbio hijo bastardo de un caballero –cuya madre es una bella esclava de la casa–, que abofetea a su hermanastra por su supuesta deshonra y luego planea matarla para vengarse de su desprecio. Cuando el corregidor obligue al viejo caballero a vender a su esclava (la madre del joven), él le da la libertad y siente muchísimo separarse de ella; llamará a un cirujano para que le quite el clavo y la casará con un mozo carpintero de Granada, que acepta el trato a cambio de una generosa dote.

 

“Cuando apenas sucede nada es cuando ahonda en el análisis psicológico de los personajes, la atmósfera que los envuelve cobra importancia y Mariana de Carvajal nos cautiva”.

 

Algunas de las novelas suceden en Sevilla, o los personajes son de Úbeda o de Córdoba, aunque también de Ferrara, Milán o Escocia; no falta un relato de cautivo que arranca de Zaragoza y Barcelona, como si la lectura del Quijote (uno de los protagonistas es un Torrellas) y de la novela del Abencerraje y de la hermosa Jarifa (hay un caballero moro que cumple su palabra como lo hizo el moro Abencerraje)le hubiera dado la idea de la combinación a Mariana de Carvajal. Como dice doña Lucrecia: “Todo es menester para divertir las horas del invierno, que, a no estar tan entretenidas, no se pudieran llevar las noches”. El agradable entretenimiento se adereza con pinceladas cotidianas, con poemitas cantados, con reflexiones del día a día, con objetos descritos en artísticos bodegones literarios.

           

La mirada de la mujer

"Costurera", Velázquez, 1640. National Gallery of Art, Washington.Es inevitable asociar la colección de novelas de Mariana de Carvajal con las dos de María de Zayas (Novelas amorosas y Desengaños amorosos) porque fueron muy pocas las mujeres que en la Edad de Oro tuvieron la formación necesaria, la situación social y los ánimos y la inteligencia para escribir. La escritora jienense no adopta una posición defensora del derecho a la educación que tiene la mujer, como María de Zayas; pero sí le da también el lugar de honor en sus Navidades de Madrid. Una viuda preside el marco narrativo, otra organiza las fiestas y los relatos, y una bella joven es quien narra el último y se lleva todos los aplausos y al joven heredero de la casa.

No se puede decir que la fina observación y pintura de detalles, de comidas, de adornos, de jardines sea femenina, pero sí que esa mirada al interior de las casas recrea el mundo que era esencialmente de la mujer. Curiosamente el fin de fiesta que cierra la colección de novelas como sarao que festeja las bodas de las dos parejas del marco tiene una serie de poemas de tono satírico, picante, burlesco, que no suelen asociarse con el decoro de las damas. Es muy probable que la mayoría no sean de la propia Mariana de Carvajal, porque se ha probado que cinco son del poeta zaragozano José Navarro (de sus Poesías varias, impresas en 1654), y los personajes que los cantan señalan a menudo que son de otros poetas: de “uno de los mayores ingenios de España, aunque no conocido por poeta por la modestia de su profesión”, como dice doña Gertrudis; o don Enrique, al cantar una jácara de José Navarro, comenta que la “compuso un sazonado gusto de esta Corte”.

 

“Es inevitable asociar la obra de Mariana de Carvajal con las de María de Zayas, pues fueron muy pocas las mujeres que en la Edad de Oro tuvieron la formación y la situación social necesarias para escribir”.

 

Esa academia literaria con que se cierra la obra y deja en fiestas el espacio del marco narrativo tiene, pues, mucho de sátira, de jácara, de desmitificación burlesca e incluso a veces de sal gruesa, ¡por qué no van a gozar también con ese registro las damas, con ese gusto picante! El chocolate que se sirve al final en jícaras deja el sabrosísimo del dulce a todo el mundo que lo lea. Y si quieren paladear algo más, tienen dulces de Portugal, con musarañas y juguetes de alcorza. O si prefieren admirar los regalos que se hacen al final, verán “ricos pares de medias de seda con ligas y guantes de ámbar bordados”, bolsos bordados, e incluso carteras y bigoteras.

Nos subimos al coche al igual que las madrinas que abandonan la casa, y los de dentro se recogen a sus cuartos, esperando nuevos festejos, que se prometen narrar en la segunda parte del libro, puro recurso literario. Pero el final abierto y la jícara de chocolate nos deja a los lectores de las Navidades de Madrid con un sabor de boca exquisito.

 

©2010 JUNTA DE ANDALUCÍA, Consejería de Cultura.
Condiciones de uso | Aviso legal | Mapa Web
Biblioteca Virtual de Andalucía - bibliotecavirtual@juntadeandalucia.es
c/ Profesor Sainz Cantero, 6 18002 Granada - Tlf: 958026934 y 958026943 - Fax: 958026937