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VIDA DE LORD BYRON
por M. Carmen García Tejera

1- Datos biográficos de Emilio Castelar.

TUCKER, B. Retrato de Emilio Castelar. Paris: Pirou,ca. 1899. New York Public Library.TUCKER, B. Retrato de Emilio Castelar. Paris: Pirou,ca. 1899. New York Public Library.

Emilio Castelar[i] nació el 7 de septiembre de 1832 en Cádiz, donde sus progenitores, Manuel Castelar y María Antonia Ripoll, habían logrado establecerse tras la condena a muerte y el exilio sufrido por el padre (defensor de Riego) cuando Fernando VII restauró la monarquía absoluta. Durante siete años, la vida del pequeño (a quien su padre inculca su afición por la lectura) transcurre apaciblemente. Pero tras el fallecimiento de Manuel Castelar, la familia, carente de recursos, se traslada a la provincia de Alicante, de donde procedía. Desde entonces, la madre se ocupará de la formación cultural del niño.

Alumno precoz y entusiasta de las Humanidades, Castelar estudia Derecho en Madrid. Durante su etapa universitaria se inicia como orador y como periodista: en 1854 se doctora y participa en una reunión organizada por el partido demócrata en el Teatro de Oriente madrileño para dar a conocer su manifiesto: con su discurso sobre la democracia obtiene un extraordinario éxito del que se hace eco toda la prensa: es propuesto para Diputado a Cortes aun sin tener la edad reglamentaria.

Comienza en este momento su “biografía oficial”. Pero el éxito no lo aparta de sus ideales de libertad y democracia. Intensifica su colaboración en la prensa como redactor endiversos periódicos. En 1855 apareció su primera novela, Ernesto, y en 1856, Alfonso X el Sabio.

En 1857 obtiene una Cátedra de Historia Crítica y Filosófica de España en la Universidad Central de Madrid. Desarrolla en el Ateneo un ciclo de conferencias, Historia de la civilización en los primeros cinco siglos del Cristianismo. Ese mismo año publica su conocido y polémico ensayo La fórmula del progreso (resumen de su ideario demócrata). El fallecimiento de su madre (a quien estaba muy vinculado) lo apartó de la actividad pública durante algún tiempo.

 

“Las manifestaciones estudiantiles en su defensa (…) se saldan con numerosos muertos y heridos”.

 

En 1860 reanuda sus lecciones en el Ateneo. Dos años después publica otra novela, La hermana de la caridad, y en 1864 funda y dirige el periódico La Democracia, en cuyos artículos -censurados y multados continuamente- Castelar criticaba muchas actuaciones del Gobierno y de Isabel II. Acusado también de haber promovido revueltas universitarias, es destituido de la Cátedra. Las manifestaciones estudiantiles en su defensa culminan en la Noche de San Daniel (10 de abril de 1865) que se salda con numerosos muertos y heridos. Castelar -repuesto en su cátedra- se muestra cada vez más combativo en sus artículos y participa en los pronunciamientos progresistas de 1866. Condenado a muerte, logra salvar su vida pero tiene que huir de España.

Medalla con retrato de Lord Byron. Bodelian Libray, Univesrsity of Oxford.Medalla con retrato de Lord Byron. Bodelian Libray, Univesrsity of Oxford.

Comienza una etapa de especial interés para comentar la obra que nos ocupa: dos años de un azaroso exilio (entre 1866 y 1868), en el que sufre intensamente la lejanía de su patria y el rechazo de muchos de los suyos. Pese a las duras condiciones que soporta, Castelar califica esta época de “gran escuela”: es, en efecto, muy fructífera en su proyección como político, periodista y escritor. Recorre gran parte de Europa (Francia, Suiza, Italia, Inglaterra, Alemania…), conoce a importantes estadistas, políticos, pensadores y escritores (Victor Hugo, Gambetta, Julio Simon…) y colabora como corresponsal en los principales periódicos de Latinoamérica.

 

“Condenado a muerte, logra salvar su vida pero tiene que huir de España”.

 

El triunfo de la Revolución de 1868 (“La Gloriosa”) le permite volver a España, donde intensifica su participación en la política activa. En 1869 fue elegido Diputado a Cortes: a partir de entonces demuestra sus dotes de orador parlamentario con intervenciones que se recuerdan como memorables. Continúa escribiendo: en 1872 publicó un libro de viajes, Recuerdos de Italia, y en 1873, además de una recopilación de sus discursos, la Vida de Lord Byron.

The Strand. London. Tarjeta postal, ca. 1880.The Strand. London. Tarjeta postal, ca. 1880.

La proclamación de la Primera República en España lo lleva al poder, primero, como Ministro de Estado; desde septiembre de 1873, como cuarto Presidente de la República. Pese al prestigio alcanzado, su situación se hace particularmente dolorosa: consciente de los graves problemas que sacudían a España, renunció a muchos de sus principios ideológicos y actuó incluso en contra de su propio partido. Fue obligado a dimitir por las Cortes el 2 de enero de 1874, horas antes de la entrada de Pavía en el Congreso, con lo que se ponía fin a la Primera República.

 

“La proclamación de la Primera República en España lo lleva al poder, primero, como Ministro de Estado; desde septiembre de 1873, como cuarto Presidente de la República”.

 

Restaurada la Monarquía, Castelar deja España y viaja por Europa. Es una etapa fértil en publicaciones: novelas (Historia de un corazón, 1874, Fra Filippo Lippi y Ricardo, 1878), ensayos y discursos. En 1880 formula en Alcira el programa de un nuevo partido, el “posibilista”. El mismo año ingresa en la Academia de la Lengua y en 1881, en la de la Historia. Continúa escribiendo y viajando. Ante la gravedad de la situación española, prefiere una vez más renunciar a sus principios ideológicos y aboga por una Monarquía democrática.

 

“Fue obligado a dimitir horas antes de la entrada de Pavía en el Congreso, con lo que se ponía fin a la Primera República”.

 

Cansado y enfermo, había abandonado la política activa (aunque intentó volver, en 1897, tras el asesinato de Cánovas). Regresó por última vez a Cádiz, en cuyo Casino pronunció un emotivo “Discurso de acción de gracias a Cádiz”. El último año de su vida transcurrió entre Sax, Mondáriz, Madrid y San Pedro del Pinatar, donde falleció el 25 de mayo de 1899. Su entierro en Madrid se convirtió en una manifestación de duelo popular.

 

2- La Vida de Lord Byron.

Cubierta de CASTELAR, E. Vida de Lord Byron. La Habana: La Propaganda Literaria, 1873.Cubierta de CASTELAR, E. Vida de Lord Byron. La Habana: La Propaganda Literaria, 1873.

Antes de comentar esta obra, debemos recordar el interés que Lord Byron (George Gordon Byron, Londres, 1788 – Missolonghi, Grecia, 1824) había suscitado en España, país que visitó en 1809 durante la Guerra de la Independencia: de talante liberal, defendió a los españoles durante la invasión napoleónica; más tarde se opuso al régimen absolutista de Fernando VII, como queda patente en su poema La Edad de Bronce (1823). La persona y la obra del poeta inglés calaron hondamente entre muchos poetas románticos, entre todos los españoles contrarios a la reposición de Fernando VII y entre los pueblos iberoamericanos que luchaban por su emancipación. Muchas de sus obras fueron traducidas a nuestro idioma, sobre todo después de su muerte: no es extraño, pues, que Castelar conociera su vida y obra, y se sintiera fuertemente atraído por ellas.

 La Vida de Lord Byron forma parte de un ambicioso proyecto: la publicación de una colección de obras por parte de Castelar con el título Semblanzas contemporáneas de los personajes más célebres del mundo en las Letras, las Ciencias y las Artes, editadas por La Propaganda Literaria en La Habana. Consta de cinco partes (dedicadas a la infancia del poeta, la juventud, el primer viaje por Europa, el regreso a Inglaterra, viajes por Bélgica, Italia y Grecia, donde fallece) y una conclusión. Aunque publicada en 1873, está firmada en París en 1868, cuando su autor está a punto de regresar a España tras el destierro. Castelar quiere pagar una deuda de gratitud contraída con Byron en esta etapa amarga de su existencia con “este pobre trabajo consagrado a uno de los genios que más consuelos nos han procurado en nuestros dolores presentes con la lectura de sus obras” (p. 85). Siente, además, la necesidad de hacer justicia a la memoria de un genio denigrado por sus compatriotas[ii]. Al rehabilitar la figura del poeta, convertirá su biografía en una apología. Y para transmitir adecuadamente sus mensajes a los lectores, Castelar desplegará parecidas habilidades persuasivas a las que utilizaba tan eficazmente como orador.

Esta Vida de Lord Byron no es una biografía aséptica. Para Castelar, la vida humana es algo más que una sucesión de acontecimientos: supone un trayecto complejo, una red entretejida por factores diversos (reales e imaginados) que se entrelazan, a veces, de manera caprichosa y contradictoria: de ahí el uso frecuente de la paradoja. Y si, a juicio de Castelar, la obra de Lord Byron nace de su trayectoria vital, el relato de su vida constituirá para el lector una guía imprescindible para conocer y apreciar sus creaciones[iii]

 

“Su condición de genio procede de los padecimientos que encadenó a lo largo de su vida”.

 

Partiendo de estos supuestos, Castelar nos ofrece en estas páginas una explicación (aunque no una justificación) de la turbulenta vida de Byron. Nada más lejos de la rectitud moral del político español que la escandalosa trayectoria de su biografiado. Paradójicamente, nadie mejor que Castelar para comprender -incluso para vindicar- las actitudes, los comportamientos de un genio que, perseguido por la fatalidad, lucha incesantemente por su libertad. Esta Vida de Lord Byron es, sobre todo, una biografía novelada en la que Byron aparece como héroe protagonista y Castelar, como narrador testigo.

a) Byron, el héroe-poeta.

Para explicar la singularidad de su biografía -para algunos, más interesante que su obra-, Castelar muestra cómo la trayectoria vital de Byron se ha venido configurando por sus orígenes normandos, su nacimiento en Inglaterra y sus viajes por la Europa meridional. Pero, sobre todo, la vida del poeta se halla marcada, a su juicio, por la adversidad: en estas páginas su perfil recuerda al protagonista de una tragedia griega, perseguido por un destino aciago. Su condición de genio procede de los padecimientos que encadenó a lo largo de su vida: las tristes circunstancias de su niñez y su tempestuosa juventud; el rechazo de sus compatriotas (que provoca su exilio), su muerte lejos de su país, o sus reiterados fracasos amorosos. Este cúmulo de calamidades determinaría -según Castelar- la actitud de Byron, en continua lucha por sustraerse a la hostilidad que lo rodea. Sus dudas, sus contradicciones y su desesperación reflejan los rasgos que caracterizan su controvertido siglo, por lo que se convierte, para Castelar, en su máximo representante, en el “poeta-siglo”.

La mansión de Newstead Abbey, antigua casa solariega de los Byron. En: Morris’s seats of noblemen and gentlemen, 1880.La mansión de Newstead Abbey, antigua casa solariega de los Byron. En: Morris’s seats of noblemen and gentlemen, 1880.

Aunque nunca falsea la vida de Byron, Castelar evita algunos episodios escabrosos (por ejemplo sus relaciones incestuosas con su hermanastra Augusta, de las que nació una hija); en cambio pormenoriza otros momentos, como los relativos a sus viajes o al papel que desempeñaron ciertas mujeres en su vida. También pasa de puntillas por la verdadera causa de su muerte (la malaria) y prefiere resaltar su heroísmo al defender la libertad de Grecia.

 

“…conoceremos algunas de sus propuestas éticas y estéticas y advertiremos ciertos paralelismos entre la vida de Byron y la de Castelar”.

 

Castelar culmina esta Vida de Lord Byron cuarenta y cuatro años después de la muerte del poeta, tiempo más que suficiente para que la huella del hombre haya sido sustituida por la imagen del mito. Como afirma nuestro escritor rememorando dicha muerte, “Aquí empieza la vida a ser poema, el poeta a ser héroe, el sepulcro a ser altar, y a ser inmortalidad la muerte” (p. 83). Y, como biógrafo-novelista de Byron, se sitúa del lado del héroe.

b) Castelar, el narrador testigo. 

Castelar comienza la Vida de Lord Byron evocando un paseo por Hyde Park. Consciente de la importancia de hacer creíble su relato a los lectores, se introduce en él como narrador que, en primera persona, recorre muchos de los lugares (Inglaterra, Suiza, Italia…) en los que transcurrió la vida de Byron: como un nuevo Childe Harold, transmite a los destinatarios de su obra -en un permanente ejercicio de apelación- sus sensaciones y emociones: las mismas que debió sentir el lord inglés. El estilo de Castelar alcanza un alto grado de expresividad que se manifiesta en numerosos efectos sonoros y cromáticos perceptibles en los retratos, descripciones y evocaciones con los que intenta captar la atención. Rehúye la narración estrictamente cronológica y elige otra fórmula más compleja en la que la autorreferencia desempeña un papel singular: su relato de la vida de Byron aparece interrumpido por evocaciones de sucesos, personas o lugares; por amplias digresiones sobre cuestiones diversas; por la inclusión de relatos breves (casi todos alusivos a las mujeres amadas por Byron) en la trama principal; por retrospecciones y prospecciones.

c) Vida de Lord Byron; vida de Castelar.

Con el apartado precedente podríamos poner punto final a esta lectura de la Vida de Lord Byron. Pero la habilidad de Castelar como narrador nos incita a leer entre líneas: así conoceremos algunas de sus propuestas éticas y estéticas y advertiremos ciertos paralelismos entre la vida de Byron y la de Castelar.

El trazado de esta biografía le da ocasión para manifestar muchas de sus ideas sobre arte y literatura que, aunque dispersas, aparecen en otras obras suyas[iv]: su concepto de genio como “enfermedad mortal”, “enfermedad divina” y “martirio” (p. 69); la inspiración como don gratuito que exige como contrapartida el esfuerzo; el poeta como ser elegido, portavoz y representante de su siglo; sus preferencias por los poetas contemporáneos (Byron, Victor Hugo, Chateaubriand, Goethe, Heine…) y su veneración por las manifestaciones artísticas de la antigua Grecia.

ODEVAERE, J.D. Lord Byron en su lecho de muerte, 1826.ODEVAERE, J.D. Lord Byron en su lecho de muerte, 1826.

Pese a las diferentes personalidades y a las diversas trayectorias de ambos, hay una serie de coincidencias que explican esta sintonía de Castelar con Byron: el poeta inglés se presenta como el paradigma de la libertad, la cualidad más preciada del polígrafo español. También Castelar, defensor de los más débiles y de la idea de progreso, simpatiza con Byron porque tiene “un altar reservado para la religión de los oprimidos y la fe siempre viva en el progreso de la humanidad” (p. 31). Asimismo ambos compartieron algunas vicisitudes: el importante papel de la madre en sus vidas y el dolor experimentado por el rechazo de los compatriotas que conduce al destierro.

Al comentar la biografía de Castelar, nos referíamos al lugar que ocupó su madre a lo largo de su vida y al dolor que le causó su muerte. Por eso dedica en esta obra varias páginas a la figura de la madre -en general- y a su decisiva influencia en la infancia del hijo; por eso también lamenta que Catherine Gordon (abandonada y arruinada por su esposo) no se comportara de manera adecuada con el pequeño George. Quizás acordándose de su propia madre, el relato del fallecimiento de Catherine desencadena en Castelar una serie de amargas reflexiones sobre la muerte de un ser querido y especialmente, sobre el dolor del hijo que no está presente en los últimos momentos de su madre.

 

“Hay, sin embargo, un episodio que disgusta profundamente a Castelar: la impresión que ofrece de su viaje por Sevilla y Cádiz”.

 

Castelar coincide también con Byron cuando sufre el destierro, provocado por el rechazo de muchos de sus compatriotas: ya hemos comentado las circunstancias que, entre 1866 y 1868, lo obligaron a vivir fuera de España y el sufrimiento que esta separación provocó en él. Aunque en las siguientes palabras se refiera a Lord Byron, observamos que Castelar está sangrando por su propia herida: “Cuando vuestra patria os cree incompatible con su reposo, con sus instituciones o con sus creencias, no hay más remedio que abandonarla, aunque abandonéis con ella la mitad de la vida […]. Morir en tierra extranjera es el mayor de los castigos” (pp. 33-34).

 Pero la sintonía entre el biógrafo y su biografiado no excluyen algunas divergencias: Castelar manifiesta su desacuerdo con ciertos comportamientos y actitudes de Byron, aunque a menudo sepa exculparlos al considerar que forman parte de la adversidad que le acompañó hasta su muerte. Hay, sin embargo, un episodio que disgusta profundamente a Castelar: la impresión que ofrece en los primeros cantos de su Childe Harold de su viaje por Sevilla y Cádiz[v]. “Siento en el alma que viera nuestras costumbres tan de ligero. Sevilla debía inspirarle algo más que el cuento insípido sobre sus dos amas de huéspedes, con las cuales viviera cuatro días” (p. 38). Para compensar tamaña injusticia, Castelar nos traza una espléndida visión de la capital andaluza. Y aunque reconoce que Cádiz le ha inspirado bellísimas estrofas, se lamenta de la ligereza de los juicios emitidos por Byron sobre las mujeres gaditanas, de cuya honradez y fidelidad al esposo -incluso después de enviudar- realiza Castelar una encendida defensa.

d) La Vida de Lord Byron: una lectura pendiente.

Esta obra tuvo un éxito inmediato: alcanzó varias ediciones más poco después de su aparición en La Habana; ese mismo año se publicó en Madrid, también en los años finales del siglo y en 1918. En 1943 se edita en Buenos Aires. Muy pronto fue traducida al inglés con el título Life of Lord Byron and other sketches (Londres, 1875 y Nueva York, 1876). Citemos también algunas reseñas críticas de cierta amplitud: el opúsculo de Antonio Vinajeras, Bosquejo crítico de la “Vida de Lord Byron” de Don Emilio Castelar (Imprenta de R. Anoz, Madrid, 1873; 2ª ed., 1879) o el comentario de Juan Valera, “Crítica a Vida de Lord Byron por Emilio Castelar” [1873], en Disertaciones y juicios literarios (Biblioteca Perojo, Madrid, 1878; y en Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1961, II: 432-440), o el amplio elogio “Nada al lector, todo al amigo”, prólogo de José Román Leal a esta obra (pp. VII-XVI). Recientemente Santiago Tena ha publicado “Un comentario a la Vida de Lord Byron, de Emilio Castelar” (en G. Sánchez Recio, coord., Castelar y su tiempo. Ayuntamiento de Petrer y otros; Alicante, 2001, pp. 219-229).

 

La Vida de Lord Byron obtuvo un éxito inmediato pero fugaz. Transcurrido ya más de un siglo de su muerte, la lectura de sus obras sigue siendo una asignatura pendiente…”.

 

La Vida de Lord Byron obtuvo -como los discursos de Castelar- un éxito inmediato pero fugaz. Transcurrido ya más de un siglo de su muerte, la lectura de sus obras sigue siendo una asignatura pendiente que la Biblioteca Virtual de Andalucía intenta subsanar mediante la edición comentada de algunos de sus títulos. Por lo que respecta a la Vida de Lord Byron, podemos afirmar que se trata de una interesante biografía novelada, elaborada por un apasionado escritor -Castelar- en la que pone de manifiesto tanto su peculiar sensibilidad estética como su reconocida integridad moral. Aplicándole algunos de sus juicios sobre Byron, reconozcamos que hemos contraído con el orador, político y escritor español una deuda de gratitud: “Cuánto debemos agradecer su trabajo a los hombres extraordinarios que nos han hecho reposar en sus obras de arte” (p. 50). Y, para saldar esa deuda con Castelar, sigamos su propio consejo sobre Byron: “Es necesario leerlo para admirarlo” (p. 45). 

 


[i] Hay numerosas biografías -incluso una autobiografía- de Emilio Castelar. Puede consultarse como resumen biográfico M. C. García Tejera en http://www.ensayistas.org/filosofos/spain/castelar/biografia.htm, con referencias bibliográficas. Sobre la relación de sus obras, véase I. Morales Sánchez y F. Coca Ramírez (coords.), Emilio Castelar. Nuevas aportaciones, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2003, pp. 133-188., y VV.AA, http://www.ensayistas.org/filosofos/spain/castelar/biografia.htm

 

[ii] En esta obra, Castelar arremete duramente contra la intolerante sociedad inglesa a la que, en parte, considera responsable de ciertas actitudes reprobables de Byron. Aún en 1898 insiste en el comportamiento injusto e hipócrita de los ingleses hacia Byron (“Byron y Heine”, en La Ilustración Española y Americana, XXXVIII, 15/10/1898, pp. 214-215).

 

[iii] Como crítico literario, sigue las teorías del francés Hypolite Taine (1828-1893), defensor de la “crítica literaria científica”, que consiste en analizar y explicar la psicología del escritor para descubrir el fundamento de su actividad artística. Dicho fundamento resulta de la interacción de una serie de fuerzas que operan sobre él: la raza (legado biológico) y el medio (geográfico, social y político). Ambas condicionan, a su vez, el nacimiento de cada obra (situada siempre en un eje temporal determinado; en un momento). 

 

[iv] Vid. M. Carmen García Tejera, “El concepto de progreso en la estética de Emilio Castelar”, en J. A. Hernández Guerrero (ed.), I. Morales Sánchez y F. Coca Ramírez (coords.), Emilio Castelar y su época. Ideología, Retórica y Poética, 2001, Cádiz, Publicaciones del Ayuntamiento – Universidad de Cádiz, pp. 37-50. 

 

[v] Byron había partido en 1809 de Inglaterra para viajar por Europa. Merece la pena que nos detengamos en sus escalas en Sevilla y Cádiz. De aquella le impresiona su colorido, la alegría de sus habitantes y el atractivo de las sevillanas: en algunas de sus cartas, Byron alude a la belleza y a la ligereza de trato de las dos mujeres en cuya casa se aloja. La huella de su paso por Sevilla queda en los primeros cantos de su Childe Harold y en su Don Juan, ambientado en la capital andaluza, donde satiriza determinadas costumbres. Desde Sevilla, Byron se trasladó a Cádiz pasando por Lebrija, Jerez (recibido por la familia Gordon, afamados vinateros parientes del poeta) y El Puerto de Santa María (donde al parecer asistió a una corrida de toros, cuyas impresiones traslada también a algunas estrofas del Childe Harold). La belleza de Cádiz y el encanto de sus mujeres -según escribe en algunas cartas- le seducen extraordinariamente: de ambas circunstancias se hace eco también en el Canto I de Childe Harold. Los juicios que molestan a Castelar proceden de una anécdota sucedida a Byron la víspera de su marcha a Gibraltar: invitado por el Almirante Córdoba a presenciar la representación de una ópera, coincide en el palco con la hija de su anfitrión, a la que describe como encantadora y fascinante, aunque le sorprende su trato desenfadado. Quizá de este episodio procede su poema “La joven de Cádiz”, incluido en el canto ya citado de Childe Harold. A Byron le sorprende que el recato de que hacen gala las jóvenes solteras desaparece una vez están casadas. En este contexto hay que interpretar las críticas de Castelar. Sobre la estancia de Byron en Andalucía, véase Esteban Pujals, Lord Byron en España y otros temas byronianos (1982, Madrid, Alhambra) y Marisol Dorao, “Dos viajeros de alcurnia en el Cádiz del siglo XVIII: Lord Byron y Lord Beaconsfield” (Revista Gades, 22, 1998, pp. 521-532). 

 

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