Un loco hace ciento

Un loco hace ciento

María Rosa Gálvez Cabrera

La autora

María Rosa Gálvez nació en Málaga en 1768 siendo hija adoptiva de los Gálvez, una distinguida familia andaluza de militares y políticos. Las circunstancias de esa adopción no están claras y se ha barajado la posibilidad de que fuera realmente hija biológica de su padre o pariente de la familia. No existen datos sobre su formación intelectual pero, a juzgar por sus obras, debió tener una educación esmerada propia de una hija de buena familia. Se casó en 1789 con el teniente de infantería José Cabrera y Ramírez y el matrimonio duró poco ya que al poco de mudarse a Madrid ya vivían separados y la única hija que tuvieron murió en la infancia. Después de esa ruptura el marido fue enviado a Estados Unidos con un puesto diplomático pero Gálvez permaneció en la capital mientras Cabrera emprendía diversos pleitos contra ella. En el siglo XIX se generó toda una leyenda negra sobre la dramaturga que incidía en su supuesta vida inmoral al tiempo que se especulaba sobre la naturaleza de su relación con el político Manuel Godoy. Algunos críticos han apuntado que el retrato de Sidney, el protagonista de su drama El egoísta (1804), vicioso, mujeriego y jugador podría estar inspirado en Cabrera y esa obra refleja también las penurias económicas que sufre la heroína cuando el marido derrocha su dote. Los problemas financieros de la propia Gálvez aparecen documentados en diversas peticiones en que mantiene que Cabrera la había dejado en la indigencia, lo que refuerza la idea de que El egoísta podría muy bien reflejar la atribulada experiencia de Gálvez como mujer sola (escritora y con un marido hostil) en un mundo de hombres. Murió el 2 de octubre de 1806 a la temprana edad de treinta y ocho años dejando tras sí una extensa producción dramática. Escribió, además de poesía, diecisiete obras de teatro, de las que catorce se publicaron y siete se estrenaron en escenarios madrileños.
 

La obra

El fin de fiesta Un loco hace ciento fue escrito para acompañar y dar cierre a la representación de la tragedia Ali-Bek (1801). El argumento de esta pieza en un acto gira en tono a una situación dramática (el matrimonio forzado) que se resuelve con ardides cómicos al tiempo que se lleva a cabo una aguda crítica de las costumbres del momento. Don Pancracio, un hombre fascinado por Francia y todo lo procedente del país vecino, se empeña en casar a su hija Inés con el marqués de Selva-Amena con el objeto de que adquiera un título aristocrático y adopte modelos parisinos de elegancia y civilidad. El padre no anticipa el inconformismo de la joven que planifica un sofisticado ardid teatral para casarse con el elegido de su corazón. El enredo da pie a numerosas situaciones cómicas resultantes de caricaturizar las exageraciones del padre y el aristocrático pretendiente subyugados por el hechizo de lo francés y víctimas de una intensa galomanía. La obra logra conciliar patriotismo y españolismo con respeto y valoración de lo extranjero, algo que concuerda con el ideal de ciudadanía universal y, de alguna manera, con el lema de la revolución francesa: libertad para la mujer y para los esclavos (Zinda, Safo), igualdad y fraternidad entre las naciones (Un loco hace ciento). El insólito ideal de cosmopolitismo que se plantea en la obra implica la superación de la dicotomía civilización/barbarie que se revisa aquí en clave humorística.