Idearium, víctima de su razón de ser

Idearium, víctima de su razón de ser

Idearium: Literatura, Arte. Granada, 1900.

El 28 de noviembre de 1898 las gélidas aguas de río Dvina acogían definitivamente en su seno el torturado espíritu de uno de los pensadores finiseculares españoles más lúcidos, Ángel Ganivet. Por esas fechas, la imprenta de la Viuda e Hijos de Paulino Ventura Traveset, autora de míticas impresiones, ya tenía fuera de prensas una de los proyectos en el que más empeño personal había puesto el autor de Granada la Bella, El Libro de Granada. El 15 de enero de 1900 aparecía el primer número de la revista Idearium. La primera acción de esta secuencia de hechos ponía punto final a un proyecto del que el Libro de Granada era su primera plasmación material y de la que Idearium se convertía en la secuela final de las anteriores.

Nada nuevo descubrimos al decir que la revista toma el título de una de las obras de Ganivet, Idearium Español, y que sus promotores lo hacen como homenaje y recuerdo al amigo desaparecido, aglutinante del grupo que componía la denominada Cofradía del Avellano. Se trataba en definitiva de un intento por continuar con aquel proyecto surgido de la angustia vital que había presidido la vida del escritor. El objetivo no era otro que despertar a la sociedad granadina de la permanente abulia que todo lo ahogaba, origen de todos los males. El Libro de Granada, auténtica joya bibliográfica tanto por su contenido como por su composición e impresión, no era más que un primer paso en este sentido, su continuidad vendría dada por otra obra dedicada a la educación, entendida como remedio del mal, proyecto que, lógicamente, no se llevó a cabo. La ya aludida, El Libro de Granada, tuvo una azarosa trayectoria por las continuas dilaciones de los autores en la entrega de sus colaboraciones.

Fueron Miguel Gutiérrez, catedrático de literatura del instituto y director de la revista, y, algo después, C. José de Cuenca, administrador y gerente, los principales impulsores de la misma. Su entusiasmo contagió y comprometió a los miembros de la Cofradía para continuar la labor de Ganivet constituyendo el núcleo original de colaboradores, aunque, al final, terminaría siendo víctima de esa apatía de la que tantos ejemplos encontramos en la correspondencia de los miembros del grupo y otros testimonios que la misma Idearium publica. No obstante, vieron la luz treinta y ocho números, treinta y ocho joyas de las que la Biblioteca Virtual de Andalucía ofrece hoy algunos ejemplos, su rareza es evidente, su belleza también, de forma muy especial las cubiertas de los primeros números con una extraordinaria capitular de reminiscencias románticas y, en general, de sentido modernista del libro como objeto de arte.

Finalmente decir que Idearium no sólo fue una revista granadina sino también y esencialmente andaluza. Dedicó un número especial a cada provincia de Andalucía y otras localidades importantes como el caso de Antequera, en ella colaboraron lo que la revista entiende como una “fraternidad”, con “hermanos” almerienses, sevillanos, onubenses, malagueños, etc. A pesar de todo ello, su propio director, en el último número, ofrece el diagnóstico fatal: “Idearium sucumbe por desidia”.