EL FERROCARRIL ROMÁNTICO EN ANDALUCÍA

EL FERROCARRIL ROMÁNTICO EN ANDALUCÍA

Los ferro-carriles en España. Observaciones dirigidas al Congreso ... promover el ferro-carril andaluz bajo los auspicios de la misma. Cádiz: Imprenta de EL CONTRIBUYENTE a cargo de Don E. Nieto, 1851.

Ha sido, y sigue siendo, a la vez el símbolo y la concreción de la revolución industrial en particular y de la sociedad moderna en general, muy por encima de otros iconos que pretenden adjudicarse la representación del progreso. Nos referimos al primeramente denominando ferro-carril, después tren y más modernamente alta velocidad. No obstante, desde su invención, de la mano de la máquina de vapor, ha transcurrido el tiempo suficiente para poder echar la vista atrás con cierta añoranza del tiempo pasado. Coincide su nacimiento y expansión con el movimiento romántico en literatura y, ciertamente, las lecturas, el visionado de antiguas películas y en muchas ocasiones la propia experiencia nos impregnan de romanticismo y melancolía, nos transporta a la niñez de las películas en blanco y negro, de aquel viaje familiar, apenas niebla en el recuerdo, en el Corto de Loja, en la costa gaditana o por la línea Córdoba-Sevilla. Vetustos vagones, asientos de madera o de tapicería artesanal, señores uniformados que educadamente reclamaban el billete, meriendas de cestilla, nuevos paisajes que desfilaban ante nuestros ojos abiertos a todo un mundo nuevo, toda una inolvidable aventura por vivir… casi, casi podíamos ver en el pasillo encopetadas señoras de amplia pamela y vestido de organdí junto a adustos señores de chistera y bastón.

Mucho han cambiado los tiempos, pero la demanda de este medio de transporte por parte de la sociedad sigue siendo el mismo que el de aquellos tiempos pioneros y como muestra no hay más que leer el impreso que hoy aporta la Biblioteca Virtual de Andalucía. De su lectura se desprende que, efectivamente, todo ha cambiado, pero los motivos, las necesidades, las soluciones, la exigencia social… expuestos por el anónimo autor, no hay que olvidar que miembro de la Junta para promover el ferro-carril andaluz, mantienen los mismos pálpitos que en los orígenes. También dará razón el portavoz de dicha Junta del estado de la cuestión en Andalucía a mediados del siglo XIX y cómo las dificultades para poner en práctica los proyectos no difieren tanto de las actuales, si exceptuamos lo que denomina la falta de comunicación mental.

La historia del ferrocarril en España, contrariamente a lo comúnmente aceptado, no se inicia en la península sino en la entonces colonia de Cuba en 1837, línea La Habana-Bejual, y no sería hasta 1848 cuando se inaugure la de Barcelona a Mataró, aunque el primer intentó se llevó a cabo en Andalucía, una línea entre Jerez de la Frontera y la Bahía de Cádiz, la que a la postre sería la primera (Jerez-Puerto Real), pero ocho años más tarde. Son las comarcas con una economía pujante las que, por iniciativa privada, ponen en marcha los primeros tramos de línea férrea, en nuestro caso la exportación de los vinos jerezanos a Inglaterra. Nuestro amigo de la Junta para promover el ferro-carril andaluz aún debía esperar más de un lustro para ver realizado el proyecto, aunque ya en 1851 mostraba tanto la necesidad como la madurez con que la sociedad lo demandaba. A partir de ese momento, como alud tan incontenible como inevitable, se multiplican las líneas interiores de Andalucía, casi siempre por motivos económicos o poblacionales, a veces con errores de trazado que aún hoy se mantienen y nuevas demandas sociales que satisfacer. Vendría años después la Compañía Andaluza de Ferrocarriles que en otro momento nos comprometemos a tratar, quedémonos hoy con aquel recuerdo de la infancia de nuestro primer viaje en tren.