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“La lectura es la forma de avivar ese rescoldo que indudablemente tiene la poesía”.


Con las palabras que abren la introducción a Poesía completa (1940-1980) que preparara Luis Antonio de Villena en 1982: “He aquí un poeta puro. Un poeta entregado intelectualmente tan sólo a su misión. Un poeta que concibe clásicamente la poesía como rapto. Como exaltación”, queda instalada la entrevista que la Biblioteca Virtual de Andalucía ofrece de Pablo García Baena. Del rapto como un don a la educación de ese don, que para él es la lectura total: “la lectura es la forma de avivar ese rescoldo que indudablemente tiene la poesía”, nos revela.

Y es en la lectura donde sucederá el encuentro con el grupo de poetas amigos a los que su nombre ha quedado unido para siempre: Cántico. Fue la Biblioteca Provincial de Córdoba el primer escenario, allí Juan Bernier recordaba como hacia 1940 el adolescente Pablo pedía “libros poéticos”. Le presenta a Ricardo Molina y este a Julio Aumente, a quien él ya conocía del instituto. “Los demás vamos llegando”, comenta. Con Ginés Liébana empezó su amistad en la Escuela de Artes y Oficios, mientras estudiaban pintura e historia en los años del bachillerato.

Pablo García Baena nació en Córdoba el 29 de junio de 1921. De su abuelo heredó la afición a la lectura, aunque sería su hermano Antonio quien le guiaría en las primeras (Dumas, Salgari, Verne, Sthendal). La muerte de Antonio lo marcó definitivamente y quizá fuera el detonante de su fuerte vocación poética. Él sólo tenía diecisiete años.

Su primer libro, Rumor oculto, sale en Madrid de las prensas de la revista Fantasía en 1946, al año siguiente presentaría Junio al premio Adonais sin éxito. “Nos presentamos todos los poetas de Cántico —recuerda en la conversación— y no nos dieron premio alguno ni nada”, lo que fue un acicate para que saliera la revista, confiesa, “no como un acto de rebeldía, sino de afirmación, de que queríamos llegar a algo, que se conociera la obra que hacíamos”. En octubre de 1947 aparece en Córdoba el primer número de Cántico, el poema “Ágatha” de Pablo García Baena lo inicia.

Cántico se construyó sobre la trama de una amistad grande de tertulias y lecturas, de escritura de primeros versos, poco a poco, no fue “una eclosión de pronto como un surtidor, porque todo se había ido elaborando mucho antes”, nos dice. “Esa trama en las provincias, que están tan desamparadas, sobre todo en aquel momento, es la que hace que se haga una obra considerable”, continua. Como un “himno a la dicha de vivir”, le recuerda el entrevistador a García Baena que alguna vez definió al grupo: “lo suscribiría ahora mismo, para los poetas de Cántico su ilusión era vivir, ese era su afán, la poesía vendría después por añadidura: sin vida no hay poesía, la poesía es siempre su reflejo, es casi el diario del poeta”.

En la revista Cántico se publican por primera vez los grandes nombres del 27, así el primer homenaje que se hace a Cernuda durante el franquismo, en los años cuarenta además, fue en ella. Se traduce a Gide, a Passolini, a Eliott —¡claro!—, incluso a Luis Aragón, “el comunista, la censura no sabía una palabra de nada”, ríe divertido.

A Rumor oculto siguieron Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957) y Antología poética (1959), luego llegaron los largos años de silencio, su traslado a Málaga y el olvido, hasta que en 1976 Guillermo Carnero publica El grupo “Cántico” de Córdoba: un episodio clave de la historia de la poesía española de posguerra. El reconocimiento empieza a ser un hecho, Pablo García Baena recuerda con cariño otro homenaje que en aquellos 70 los jóvenes poetas de Málaga le dedicaron en un bar de la calle Oyerías: “Pepe Infante, Rafael Merlo, Rafael Pérez Estrada, Rafael Ballesteros..., en fin, una serie de amigos que luego he conservado”.

En 1978 ve la luz Antes que el tiempo acabe, le siguen Tres voces del verano, Fieles guirnaldas fugitivas, entre otros, y las dos ediciones de sus obras completas en los 80 y en los 90, preparadas por Luis Antonio de Villena y Fernando Ortiz respectivamente. Su último libro unitario es de 2006: Los Campos Elíseos.

Entre los premios recibidos están el Príncipe de Asturias en 1984, las Medallas de Oro de la Ciudad de Córdoba en 1984 y de la Provincia de Málaga en 2004, el Andalucía de las Letras en 1992 y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2008. En 1988 se le nombró Hijo Predilecto de Andalucía

La poesía de Pablo García Baena aúna sensualidad y profundidad en un lenguaje de complicada y precisa perfección técnica que, en parte, viene de los grandes maestros del Siglo de Oro, señaladamente Góngora. Así la define certeramente su editor literario Fernando Ortiz

“¿En su obra está su vida?” pregunta el entrevistador cuando la conversación ya acaba, “Sí, exactamente”, responde con rotundidad: “la poesía es siempre el reflejo de la vida, es casi el diario del poeta”.

Escuchamos “Viernes Santo”, donde un juego de imágenes eróticas y religiosas se fusionan y superponen en una escena de fuerte sensualidad:

Y está el Pretorio frío con el alba,
jaspes yertos, columna,
y desnudo, desnudo hasta la sangre,
nos desnudamos, rito, sobre el lecho, cordeles lacerantes
de los besos, caricias aprietan,
tiran, tinta la res del sacrificio,
soldados, carcajadas, extinguidas antorchas humeantes
[…]
 

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